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¿Alguna vez has leído el Popol Vuh?


De: Alejandro Muñoz Mata

Hombres de maíz y dioses que dudan


Seguramente, alguna vez durante nuestra etapa escolar, algún maestro nos encargó leer el Popol
Vuh para conocer este libro sagrado, poblado de dioses que hablan entre plumas verdes y azules y
de hombres hechos de maíz.

El Popol Vuh en k’iche’ significa “Libro del Consejo” o “Libro de la Comunidad”. Es el relato de origen
del pueblo maya k’iche de Guatemala, una especie de Génesis mesoamericano, con sus propios
dioses, sus propios errores y su propia manera de crear humanidad.

¿De dónde sale este libro?

Hay quienes dicen que fue escrito por un quiché alrededor del año 1500, recogiendo la memoria oral
de los ancianos. Otros sospechan que tuvo influencia occidental, quizás con fines de evangelización.

El texto más antiguo que conservamos está vinculado al trabajo de un fraile dominico andaluz, fray
Francisco Ximénez. A comienzos del siglo XVIII, en Chichicastenango, conoció un manuscrito en
k’iche’ y realizó una transcripción y traducción. Una de las versiones modernas en español más
difundidas es la de Adrián Recinos, publicada en 1947, y esa fue precisamente la edición de Editorial
Porrúa, de la colección Sepan Cuantos…, preparada por Albertina Saravia, que me tocó leer durante
mi etapa escolar.

¿Y qué dice el Popol Vuh?
El Popol Vuh contiene relatos mitológicos del pueblo maya k’iche’, acerca de la formación de cuanto
existe, de sus dioses, héroes, hombres y de su propio pueblo.

El libro se divide en cuatro partes. La más famosa es la primera: la creación del mundo. Aquí no
presenta un “hágase la luz y ya”. Los dioses Tepeú, Gucumatz y el Corazón del Cielo (Huracán)
están en el agua, en la oscuridad, pensando, reflexionando, decidiendo, como dice el Popol Vuh:
“confiriendo, consultando y teniendo consejo entre sí en medio de la oscuridad, se crearon todas las
criaturas.”

La tierra aparece. El reto es el hombre. Primero lo intentan con lodo, pero no funcionó. Luego con
madera; salieron mal, se convirtieron en monos. Hasta que al final dieron con la fórmula: maíz blanco
y maíz amarillo. Con eso hicieron la carne, los brazos, las piernas. De masa de maíz nacieron los
primeros cuatro hombres: Balam-Quitzé, Balam-Acab, Mahucutah e Iqui-Balam.

Eran inteligentes, veían lejos, entendían todo. Tanto que los dioses se asustaron y les nublaron la
vista con un “vaho” para que solo vieran lo cercano. Un dios que teme a un hombre que sabe
demasiado. Y ahí surge una pregunta para nuestra reflexión:

¿Por qué tendría que temer un dios al conocimiento de los hombres?

¿Y esto no se parece al Génesis?

Sí, tiene similitudes. Tanto el Popol Vuh como la Biblia empiezan con un mundo vacío, un creador (o
creadores), la separación de la luz y la oscuridad, la aparición de la tierra, los animales, y finalmente
el hombre. En la Biblia el hombre es de barro y aliento divino; en el Popol Vuh es de maíz y voluntad
de dioses que dudan, reflexionan y hasta se arrepienten.

Ambos libros hablan de un origen, de un conocimiento otorgado y luego limitado, y hasta de un
diluvio. Uno lo cuenta con un Dios único; el otro con un consejo de dioses que discuten entre sí.
Cada uno a su manera.

Hay una diferencia trascendental: los dioses del Popol Vuh no son omniscientes ni infalibles. Ellos
consultan, prueban, se equivocan, corrigen y vuelven a intentar. En el Génesis bíblico encontramos
al Dios creador que ordena y crea por su palabra; frente a unos dioses del Popol Vuh que crean
mediante la deliberación y el ensayo.

¿Y por qué debería importarme esto hoy?

El Popol Vuh es un libro de mitos. Es un reflejo de cómo nuestros pueblos originarios entendían el
mundo, la naturaleza, el conocimiento y el castigo. Es parte de nuestra herencia cultural viva, no solo
de Guatemala, sino de toda Mesoamérica, incluido México.

Leerlo hoy nos recuerda que, mucho antes de la llegada de las ideas europeas, los pueblos
mesoamericanos ya habían desarrollado profundas formas de pensamiento sobre el origen del
mundo, la humanidad, la naturaleza, el conocimiento y la vida en comunidad. El maíz no es solo
alimento: es identidad, es memoria, es la materia de la que estamos hechos. Como aquellos primeros
hombres, quizás también llevamos en nosotros algo de esa sabiduría que los dioses quisieron
ocultar.

El Popol Vuh es la historia de un origen que no termina: dioses que dudan, hombres que saben
demasiado y un maíz que lo crea todo. Leerlo es recordar que el maíz, según el mito, no es solo
alimento: es memoria, identidad y materia de la que estamos hechos.

¿Te animas?

Bibliografía
Recinos, A. (2022). «Popol Vuh»: las antiguas historias del Quiché. (G. Académico, Ed.) Fondo de
Cultura Economica. Obtenido de
https://apiperiodico.jalisco.gob.mx/api/sites/periodicooficial.jalisco.gob.mx/files/ppvuh.pdf
Saravia, A. (1981). «Popol Vuh»: Antiguas historias de los Indios de Guatemala. México: Porrúa
S.A., Sepan Cuántos Num. 36.

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